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Turismo y gastronomía en Lima

Turismo y gastronomía en Lima

Por Santiago Casenave

 

Tentados por las promociones de una conocida aerolínea de bandera trasandina, organizamos junto a Luciana nuestro viaje por cuatro días a la Ciudad de Lima, Perú, el fin de semana largo del 17 de Agosto, día del aniversario de la muerte de nuestro prócer el Gral. José de San Martín, y fecha que, curiosamente, no es feriado en Perú, país también liberado por el mismo prócer.

 

Día 1

Pues bien, despegamos del Aeropuerto Pajas Blancas puntualmente a las 9.30 hs. del día viernes, en una jornada con bastante bruma, debido a los incendios que –tristemente- tiñen de negro nuestras sierras todos los inviernos.

El vuelo fue muy tranquilo y agradable, y desde el inicio –con agradable música en los auriculares- pudimos disfrutar del paisaje de nuestras sierras visto desde arriba, desde Villa Allende, Mendiolaza, Río Ceballos, el camino “El Cuadrado”, luego el Cerro Uritorco, Dique La Viña, pasando luego por el paisaje salino del norte de la Provincia de Córdoba, todo realmente hermoso desde esa perspectiva. Luego de un tiempo nuestro avión se encontraba sobrevolando paisajes realmente bellos, con poco y nada de civilización a la vista, muchas formaciones montañosas, lagunas, salares, cerros nevados, y un color ocre en todas sus gamas predominante.

Ya acercándonos a la hora del aterrizaje, se vislumbraba a nuestra izquierda la costa del Pacífico, y el cielo limeño que nos recibiría completamente nublado, clima propio de la estación de invierno en esa ciudad.

Arribamos puntualmente y con dos horas menos de diferencia al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, situado en el distrito del Callao de Lima. El chofer de nuestro transfer nos esperaba con un cartel con nuestros nombres en el hall del Aeropuerto, por lo tanto cargamos nuestro equipaje en la mini van, nos ubicamos rápidamente y emprendimos el viaje hacia nuestro hotel, situado en el distinguido distrito de Miraflores.

La primera impresión de la Ciudad de Lima trasladándonos hacia nuestro destino fue bastante particular, característica de las capitales sudamericanas: mucho desorden, tránsito caótico, taxis y el transporte público pululando en todas las calles, nula planificación, vendedores ambulantes, etc.

Ya acercándonos al distrito de Miraflores, nuestro chofer hizo un pequeño recorrido por la ruta que corre contigua al Océano Pacífico. La costa del mar en este lugar es bastante particular: existe un acantilado de aproximadamente veinte metros de altura, detrás del cual se encuentra emplazada la Ciudad de Lima. Este acantilado es de una consistencia arenosa-arcillosa, y a sus pies corre una ruta de doble mano, una especie de “costanera” (por la cual nos veníamos conduciendo) contigua a la playa.

Ya a la altura del distrito de Miraflores, ingresamos por el Malecón 28 de Julio (malecón se le dice en Perú al boulevard que tiene un cantero al medio, con plantas) y la primera impresión de este distrito fue muy agradable, todo muy ordenado, distinguido, muchos edificios modernos, mucha seguridad (no obstante luego descubriríamos la otra Lima, la desordenada).

Llegados al hotel “Casa Andina” en Miraflores, hicimos el check-in con agrado ya que las instalaciones eran muy buenas, y nos preparamos para empezar el recorrido de la Ciudad. Emprendimos la caminata, hicimos cambio de divisas y un consejo –si se me permiten en este relato- es que cambien sus dólares con las personas que lo ofrecen en las esquinas de Miraflores (una especie de “arbolitos”). De acuerdo a lo que nos enteramos después, no sólo son legales, sino que pertenecen a la propia alcaldía de Miraflores (es decir, es personal público), aunque la razón más importante es que tienen la mejor tasa de cambio, en comparación a los Bancos oficiales en donde cambiamos.

Como dije, el paisaje en el distrito de Miraflores es muy coqueto, hay mezcla de edificios modernos con casas de estilo antiguo, muchos autos importados, seguridad en casi todas las esquinas, muchos lugares “gourmet” para comer, boutiques, y tal como nos enteráramos después, el 80% de los hoteles de Lima están situados en este distrito de Miraflores, lugar turístico por excelencia de Lima que ha tenido un desarrollo notable en los últimos años.

La caminata –y fundamentalmente el hambre- nos fueron llevando lentamente hacia “Larcomar”, un mall comercial emplazado en el acantilado mismo junto al pacífico, una especie de “shopping a cielo abierto”, bastante curioso. Luego entendimos la explicación de este singular lugar: en Lima nunca llueve. Ocasionalmente cae alguna fina llovizna durante las noches, pero nunca llueve copiosamente, por ende, no se justifica demasiado que el shopping tenga techo!

Si bien no soy muy amante de los shoppings, éste tal vez por su singularidad y vista al mar logró agradarme, por lo tanto y luego de recorrerlo un poco nos ubicamos en un restaurant con menú “buffet” (lo que vendría a ser un equivalente a nuestro “tenedor libre”), sentados en un lugar inmejorable, al pie del acantilado, con vista al Pacífico y Bossa n´ Beatles de fondo!

Ahí nos dimos un banquete de esos que valen la pena. Tuvimos primer contacto con algo de la cocina peruana, particularmente, el famoso “ceviche” (pescado cocido al limón, cebolla morada y ají), causa a la limeña (una especie de papa rellena), rocoto relleno (un ají muyyyy picante relleno con carne y vegetales), choritos a la characa (ostras con jugo de limón, cebolla y pimientos), y otros manjares más, en fin, todo delicioso, realmente me resultó muy placentero descubrir todos estos nuevos sabores.

Luego nos enteraríamos –y corroboraríamos- la fama de la cocina peruana, particularmente a causa de la fusión entre las distintas culturas que fueron integrando este país, por sólo mencionar ejemplos, tienen influencia de la cocina andina, española, asiática en incluso africana, en fin, casi todos los continentes resumidos en una misma sartén.

Luego del banquete y previa digestión nos fuimos a recorrer la extensa costanera de Miraflores, siempre en la parte de arriba del acantilado. Pasamos por el “Parque del Amor”, lugar con esculturas curiosas de enamorados besándose y muros decorados al estilo “Gaudí”. De allí caminamos algunas cuadras más para ver cómo desde el barranco practicaban parapente, con condiciones climáticas inmejorables ya que un viento suave y constante entra desde el Pacífico permitiendo el vuelo de estos objetos voladores.

Siguiendo por el distrito de Miraflores, caminamos tranquilamente unas veinte cuadras más hasta el “óvalo” (así se le llama a la plaza con forma de rotonda), lugar neurálgico de Miraflores, en donde sobresale la Iglesia de la Merced, muy linda y bien conservada. Una vez allí nos dirigimos hacia el denominado “mercado indio”, que consiste en unas dos cuadras ubicadas sobre calle Petit Thouars, en donde se ubican gran cantidad de locales y galerías comerciales, repletas de tiendas donde se pueden conseguir las típicas artesanías de Perú a módicos precios. Un dato al margen es que en Lima el “regateo” es regla. Es algo a lo cual no estamos muy acostumbrados, pero en casi todos los comercios de Lima el precio se pelea, y mucho, no olvidar.

Finalmente y para terminar nuestro primer día nos quedamos cenando en la llamada “calle de las pizzas”, ubicada también en el distrito de Miraflores, unas tres cuadras repletas en ambos lados de locales gastronómicos, boliches, bares, karaokes, en fin mucha oferta, y además desde cada local te invitan –insistentemente- para que entres a sentarte y a probar el famoso “pisco sour” de cortesía, al cual en definitiva no nos costó mucho negarnos y a su vez nos dio el ingrediente justo para descansar luego de un primer día de mucho recorrido.

 

Día 2

Iniciamos nuestro segundo día con un suculento y delicioso desayuno en el hotel, que incluyó –en mi caso- café con leche, tostadas con queso y mermelada, jugo de naranja, tocino, huevos revueltos, yogur con papaya, melón, y cereales. Luego de este atracón matutino nos buscó por el hotel el transfer contratado para el “city tour”. A esta altura tengo que confesar que tenía algunos prejuicios con los city tours, tal vez porque a mi edad no soy muy partidario de este tipo de turismo “tradicional”, pero en definitiva sólo eran prejuicios infundados, el city tour estuvo más que interesante. En primer término pasamos por un lugar arqueológico denominado “Huaca Pucllana” (huaca=lugar, pucllana=sagrado), unas ruinas precolombinas milenarias, emplazadas en el medio de un barrio urbano. De allí el bus emprendió el camino hacia el Centro Histórico de Lima pasando por el distrito de San Isidro, también muy pintoresco y en donde -como dato singular- se encuentran la gran mayoría de embajadas y consulados de los países del mundo, entre ellas nuestra embajada, pintada de rosada, y la de Venezuela, pintada de un color rojo furioso.

Llegando al Centro Histórico de Lima, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pasamos por el Paseo de la República, el Palacio de Justicia, y luego por la Plaza “San Martín”, rodeada de edificios muy pintorescos. En esta plaza está emplazada la estatua de José de San Martín, subido a su caballo, y en su postura tradicional apuntando con su dedo al Oeste (pese a que había escuchado, o leído, el rumor de que en Perú las estatuas de San Martín miraban hacia el Este, ya que están del otro lado de la cordillera, y hasta sonaba lógico… Pero parece que no es cierto, miran todas hacia el Oeste nomás…)

Luego el bus se detuvo y nos dejó en la Casa de la Moneda, edificio en cuyo subsuelo funciona un museo que pasamos a visitar. En este lugar y mientras hacíamos el recorrido apreciando las obras de arte, piezas originales de oro, vasijas, prendas de vestir, ornamentos, etc. de las culturas precolombinas del Perú, los guías del city tour nos cuentan que pese a que la civilización Inca es la más conocida y difundida del Perú, ya que fue aquella con la cual se encontraron los españoles al llegar a América, los Incas fueron la última de una serie de civilizaciones precolombinas que habitaban el suelo peruano desde aproximadamente el año 3.000 a.C! Éstas habitaron a lo largo de las tres zonas en que se divide tradicionalmente a Perú: sierra, costa y selva. Cada una de estas civilizaciones, durante su tiempo de vigencia, tuvieron grandes desarrollos en construcciones, cultivos, artesanías, astronomía, etc. A su vez, una de las virtudes más importantes de la civilización Inca como conquistadores fue la de sintetizar en un único imperio todos los avances que a lo largo de siglos venían desarrollando las civilizaciones anteriores, es decir, no fueron grandes desarrolladores sino que lograron agrupar y consolidar los avances y desarrollos de los pueblos que iban conquistando; y a su vez al ser politeístas reconocieron y respetaron los cultos de los pueblos que conquistaron, sabido es que hasta hoy los conflictos étnicos y religiosos son responsables de grandes enfrentamientos; de allí entonces el éxito y la gran extensión que lograron los Incas con su imperio, quienes en su época de mayor esplendor abarcaron desde Ecuador hasta la provincia argentina de Mendoza, aproximadamente.

En fin, nos fuimos un poco del relato; luego de la visita al museo del subsuelo de la Casa de la Moneda llegamos finalmente a la Plaza Mayor o “Plaza de Armas” en el Centro Histórico de Lima, realmente muy pintoresca y cuidada, con mucha seguridad en toda su extensión y alrededores. En el centro de la Plaza de Armas, y entre palmeras que le dan un toque especial, está situada una fuente de agua, lugar exacto en donde Francisco de Pizarro fundó la ciudad que sería capital del Virreinato durante más de 300 años. Alrededor de la Plaza Mayor se encuentran emplazados numerosos edificios, públicos que le dan al lugar un entorno realmente soberbio. Sobresalen la Catedral de Lima, de estilo arquitectónico “ecléctico”, es decir con mezcla de varios estilos, ya que fue construida en diversos períodos, y en cada uno de ellos se aplicaba el estilo “de moda” que llegaba desde el antiguo continente. También sobresale el Palacio de Gobierno, donde funciona el Poder Ejecutivo Nacional, y la Alcaldía de Lima, en donde funcionan los organismos de gobierno del Distrito de Lima. También se destacan edificios con balcones tallados en madera con influencia española, todo lo cual como dije le da a la Plaza Central de Lima un entorno realmente imponente.

Luego de las fotos de rigor, para finalizar el city tour contratado nos dirigimos a la Iglesia Convento de San Francisco, en cuyo subsuelo se encuentran las “catacumbas”, que funcionaron como cementerio durante la época colonial, y en donde actualmente se pueden observar miles de restos óseos humanos, lugar no apto para claustrofóbicos ni para impresionables.

Terminado el city tour y viendo que las reservas del frugal desayuno del día se habían agotado después de tanto recorrido, empezamos a buscar un lugar para comer, y con la premisa de que “el que busca encuentra”, dimos de casualidad con lo que estábamos buscando: una feria gastronómica callejera, “Sabor y Sazón del Perú”, con comidas típicas de cada una de las tres regiones del Perú, comimos “calapullca” y el famoso “ají de gallina”, todo delicioso acompañado de una Inca Kola, bebida típica de Perú y que si no me equivoco en Perú se toma más que la propia Coca Cola.

Luego del almuerzo, ya recorriendo las calles adyacentes al Centro Histórico, buscando llegar a una calle en donde nos dijeron que se encontraban todas las tiendas de instrumentos musicales, dimos con otra parte de la Ciudad de Lima, alejada de los circuitos turísticos, mucho más caótica, pobre, sucia y lúgubre. Lo que más sorprende es lo caótico del tránsito, hay por ejemplo cientos de mini vans, pequeños colectivos que funcionan como transporte público con un chofer y otra persona que  va en la ventanilla gritando a viva voz el recorrido. Estas mini vans pululan por todos lados, al parecer sin ningún tipo de control, sumando cada una su granito de arena para el caos general. Pero fundamentalmente el caos proviene de las molestas bocinas, que los conductores limeños, TODOS sin excepción, usan casi sin sentido, en todo momento, lo que convierte al tránsito en un bullicio que se hace por momentos realmente insoportable. Me sorprendió mucho, sin embargo, que a diferencia de nuestro país, en donde cuando se llega al “bocinazo”, seguramente éste va acompañado de improperios, insultos, y amenazas varias (con señas obscenas y tono machista si la agredida es una conductora mujer, convencido quien dirige el improperio de que es el mejor conductor sobre cuatro ruedas sobre el planeta), lo que sorprende aquí en Lima es que luego del bocinazo que parece la antesala de una pelea a golpes de puño entre agredido y agresor; luego de todo esto los conductores siguen su marcha como si nada, sin siquiera mirarse, el tránsito sigue así su curso caótico y el bocinazo se pierde entre el resto de las miles de bocinas que le dan a la Ciudad este característico y molesto bullicio.

Pues bien, luego de encontrar la calle Nicolás de Pierola, la de los instrumentos musicales, y luego de haber adquirido un muy buen cajón peruano a la mitad del precio al que lo vendían en la feria de artesanías de Miraflores -aplicando la regla del “regateo”, por supuesto- emprendimos el largo regreso hacia nuestro hotel.

Previamente pasamos por un parque llamado “El Circuito Mágico de las Aguas”, un hermoso y atractivo parque público, con césped y vegetación puntillosamente cuidados, y que se jacta de tener un récord Guiness por ser el “complejo público de aguas danzantes más grande del mundo”. Todo muy lindo y pintoresco, muchas fuentes con ingeniosos diseños, láseres, luces de colores, música, en fin todo un show. Desde este parque, a su vez, se puede ver el Estadio Nacional de Lima, en donde juega habitualmente la selección nacional de fútbol de este país.

Llegados así al hotel y muertos de cansancio, no obstante decidimos ir a conocer una “peña” de comidas y música característica peruana, y así nos recomendaron un lugar llamado “De Rompe y Raja” en el Distrito de Barranco. Allí nos recibieron los mozos del lugar, preguntando si teníamos reserva pese a que el lugar estaba completamente vacío. Resulta ser que se trataba de una de las peñas más importantes de todo Lima, y en este punto realmente recomiendo ir a este lugar, porque tanto la comida como el show de música afroperuana es de primer nivel. En cuanto a lo primero, es decir la comida, nos servimos una especie de picada con comidas típicas varias, lo más destacable los famosos “anticuchos de corazón de res”, una comida típica de origen afro, que consiste en una especie de “brochettes” de trozos de corazón, previamente marinados con comino, ají, y otros ingredientes, y luego cocinados al fuego, un sabor delicioso y picante, realmente exquisito. Según nos decían, esta comida tuvo su origen en la época de la colonia, en la cual a los esclavos africanos les daban las vísceras de los animales para comer, así crearon esta comida que hoy es patrimonio de todos los limeños.

Luego dio inicio el show musical, el cual particularmente disfruté mucho ya que me encantan las manifestaciones culturales que resultan de la fusión de las diferentes culturas a lo largo de la historia, y qué mejor ejemplo que la música afroperuana, que es una síntesis exquisita de ritmos africanos, americanos y europeos. Show de primera calidad como dije, al que luego y como si esto no hubiera sido poco se le agregó un show de baile, con danzas típicas afroperuanas, en fin uno de los puntos más altos del viaje, no quisiera ser reiterativo pero fue muy placentero haber podido conocer la faceta cultural y musical de Lima.

 

Día 3

Luego de la gran actividad del día anterior, el plan para el domingo consistió en levantarnos un poco más tarde, disfrutando de las cómodas instalaciones de la habitación, y deleitándonos nuevamente con el suculento desayuno, al cual le agregamos esta vez, tamales!

Pues bien, luego de este desayuno-almuerzo, partimos rumbo a las ruinas de Pachacamac, ubicadas a unos 30 km. al sur de Lima. Teniendo en cuenta que habíamos arrancado un poco tarde, y el transporte turístico que lleva a estas ruinas salía a la mañana temprano, elegimos ir contratando un taxi, regateando previamente un precio bastante conveniente por la ida y vuelta. En el recorrido hacia las ruinas nuestro chofer nos condujo por la costanera atravesando los distritos de Miraflores, Barranco, y Chorrillos. Pasando por éste último distrito, el conductor nos indicó la existencia de un pintoresco puerto, con muchos puestos en donde se come pescado fresco, pesca del día, así que ya teníamos nuestro plan para el día siguiente.

Pues bien y luego de unos minutos por la Panamericana Sur, llegamos hasta las ruinas de Pachacamac, en las cuales existe la opción de recorrerlas a pie (son unos cuatro km. en total de recorrido) o bien se puede ingresar con vehículo, esto último me resultó bastante raro, que permitan entrada de vehículos a un sitio arqueológico, en fin. En cualquier caso, es recomendable contratar los servicios de los guías que se ofrecen en el lugar, ya que de este modo se comprende mejor lo que se está observando.

Una vez recorriendo el lugar con nuestro guía Gino, se ingresa primero a un pequeño museo, en donde se exponen piezas encontradas en el lugar, vasijas, jarros, prendas de vestir, etc., también cada uno de estos objetos representativo de las distintas civilizaciones que habitaron estas ruinas, las cuales eran utilizadas como sitio de culto.

Luego emprendimos el recorrido completo y a pie por las ruinas, en un entorno de paisaje desértico, y en su parte más elevada, correspondiente al “Templo del Sol” de los Incas, con una vista muy buena del océano pacífico. Muy interesantes también las explicaciones e historias que nos brindó nuestro guía, haciendo muy ameno el momento.

Luego de recorrer las ruinas volvimos en un largo viaje hacia la zona del Centro Histórico, y caminamos unas cuadras hasta la calle “Capón”, en donde se encuentra el “Barrio Chino” de Lima. Allí y luego de dar unas vueltas nos instalamos en un “chifa” que es la denominación genérica que tienen los locales de comida china en Lima, y de los cuales hay cientos, no sólo en el barrio Chino sino en todo Lima. Una vez ubicados probamos el famoso “chaufa”, que vendría a ser una castellanización del “chow fan” (arroz saltado con pollo, huevo y verduras). El “chaufa” es el plato base de la comida china en Lima, y se lo sirve acompañado de carne, pollo, pescado o verduras. En nuestro caso comimos el “chaufa” con un pescado con salsa de tamarindo y piña, otro pescado con salsa “tau-si”, todo acompañado de sopa “wan-tan”, y una Inca Kola, por supuesto.

Muy relajados y luego de la comida china regresamos a la zona de la Plaza Mayor, primero aprovechando para comprar algunas artesanías, y luego para tomar tranquilos unos mates en la Plaza Mayor, en donde nos encontró el atardecer, disfrutando la hermosa vista de la Plaza y todos los edificios que la circundan, totalmente iluminados. Aprovecho para aclarar que, pese a la mala fama que se había hecho de Lima en los últimos años como ciudad insegura, en todo momento se advierte la presencia de personal de seguridad, incluso de noche, no obstante se advierte fundamentalmente en los lugares de más afluencia turística, por ejemplo Miraflores y Centro Histórico, de todos modos creo que es importante destacarlo, más allá de las precauciones básicas que deben tenerse en cualquier lugar.

En fin y como para culminar el día de descanso compramos comida para llevar y comer en la habitación del hotel, la cual disfrutamos luego de un baño reparador, al cual agregamos un sueño también reparador luego de la gran actividad del día.

 

Día 4

En nuestro último día iniciamos como siempre con un buen desayuno, esta vez un poco más liviano, ya que el cuerpo empezaba a acusar señales del castigo al cual lo veníamos sometiendo en los tres días anteriores.

Hicimos late check out y nuestro plan consistió en ir a comer mariscos al puerto del Distrito de Chorrillos por el cual habíamos pasado el día anterior, previa caminata por la playa hasta ese lugar.

En este punto me permito agregar más información sobre el clima de Lima en esta altura del año: como dije antes, está todo el tiempo nublado, y cuando digo todo el tiempo digo TODO el tiempo! Es el clima característico del invierno, nublado, a veces brumoso, y templado, con una temperatura promedio de 20ºC, pero en definitiva es un clima ideal cuando los planes consisten en caminar, conocer y disfrutar.

Por ende y con estas condiciones climáticas empezamos el recorrido por la playa del Pacífico, camino al puerto del Distrito de Chorrillos, en una tranquila caminata que nos llevó una hora.

Llegando al puerto de Chorrillos comienzan a verse las pequeñas embarcaciones de los pescadores, quienes salen a buscar su pesca a la madrugada. Es un pequeñísimo puerto y en sus instalaciones se encuentran una gran cantidad de puestos de comida, pequeños y sencillos restaurantes pegados los unos a los otros, en los cuales se puede comer pescado fresco en todas sus variedades.

Así nos instalamos rápidamente en uno de ellos para almorzar. La entrada consistió en “choritos a la characa”, una fuente inmensa de ostras condimentadas con ají, cebolla, pimiento, limón, muy picante, realmente delicioso, acompañado por una cerveza helada. En ese momento se acercó a la mesa un trío musical, integrado por guitarra, cajón peruano y maracas, y nos regalaron unos lindos temas. Luego llegaron los platos principales, que fueron un excelente arroz con mariscos, y un “chicharrón de langostinos” (langostinos fritos), sin palabras.

Finalizado este nuevo –y enésimo- banquete, volvimos a la playa cercana al puerto y nos quedamos unas dos horas plácidamente en la arena, un poco de lectura y otro poco de siesta, con el sonido somnífero del mar de fondo.

Emprendimos así la vuelta para Miraflores por la playa, y así pasamos por el Distrito “bohemio” de Barranco, también muy pintoresco, recorrimos sus calles de adoquines, de casas coloniales, restaurantes, hostels, puestos de artesanías; una especie de “San Telmo” en Lima, realmente recomendable para pasear. Allí probamos los famosos “picarones”, otra comida de origen afro, muy parecidos a nuestros “churros”, aunque más dulces ya que los rocían con un almíbar exquisito.

Luego de recorrer un poco más Barranco, volvimos por la costanera hacia Miraflores, ya estaba cayendo el atardecer y se acercaba el momento de nuestro regreso a Córdoba.

Se podría decir que nos faltó por hacer el recorrido de los museos en Lima, de los cuales hay muchos y variados, tal vez los más famosos sean el Museo de Historia y Antropología del Perú, y el Museo de Oro del Perú. En el primer caso, dicen que es muy bueno, ya que como su nombre lo indica no sólo se exhiben piezas arqueológicas sino también la historia completa de Perú, desde sus inicios y hasta la actualidad. Del segundo no tuvimos buenas referencias: nuestro guía de las Ruinas de Pachacamac nos comentaba que en el mismo se exhiben una gran cantidad de piezas de oro, las cuales en muchos casos fueron robadas de los sitios arqueológicos por –digámosle si es que cabe la palabra- “mercenarios”, por lo tanto muchas de ellas no tienen la explicación del lugar donde fueron encontradas, ni a quienes pertenecía, ni cuál era el significado que tenía, en fin, se exhiben como simples y vistosas piezas de oro. Pero bueno, en definitiva queda a criterio de cada uno, nosotros con lo que vimos y escuchamos en el Museo de la Casa de la Moneda y el de las Ruinas de Pachacamac nos pareció más que suficiente.

Pues bien, y finalizando este relato, llegando la hora del regreso juntamos nuestras cosas en el Hotel, nuestro transfer nos pasó a buscar puntualmente y nos dejó en el Aeropuerto Jorge Chávez, en donde tomamos nuestro vuelo de regreso, con el corazón y –fundamentalmente- con el estómago, contento.

 

INFOGRAMA PERÚ

Idioma: castellano, quechua

Moneda: 3.09 PEN (sol peruano) = 1 USD

Documentación necesaria: DNI o Cédula Federal  

www.peru.info

 

 

 

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1 comentario

Carlos Melgar -

Muy reducida tu cronica, te falta mas cultura para poder describir tremenda arquitectura, no puedes reducir todo a "pintoresco".
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